A menudo nos fijamos metas que
empezamos a perseguir con toda la fuerza del mundo, pero poco después, con el
tiempo, esa pasión que ponemos, esa dedicación, empieza a perder su fuego,
comienza a decolorarse, y poco a poco deja paso al olvido, a nuevas metas que,
muchas veces, acaban en lo mismo: en un camino que un día emprendimos pero cuya
senda perdimos una tarde cualquiera. Proyectos que nunca acabamos, sueños que
dejamos de perseguir.
Siempre digo que uno de los
problemas de nuestra sociedad de consumo es que se nos ha acostumbrado a la
recompensa rápida, al “lo quiero y lo quiero para ayer”, se nos ha educado para
no premiar la paciencia, lo que reina es la inmediatez. Y cuando aplicamos ese
desprestigio de la paciencia a nuestro día a día el resultado es una
incapacidad clamorosa de pensar a largo plazo, de establecer metas a la larga.
Esto, aplicado al deporte, a la
actividad física, es el golpe letal que derriba los planes de cualquiera que
quiera ponerse en forma pero no tenga una determinación clara; no esperes conseguirlo
en un par de semanas, ni siquiera en un par de meses. Tu objetivo debería más
bien ir encaminado a establecer unos hábitos que puedas encajar bien en tu día a
día, intenta cuadrar esas rutinas, esas
acciones en tu planning
semanal. Haz que el ejercicio sea parte de tu vida, y no necesitarás plantearte
si hoy quieres salir a entrenar o no.
Trabaja fijándote metas, pero
metas que, por un lado, sean realistas, que sepas que puedes alcanzar, y por
otro que no sean demasiado fáciles. En la elección de tus metas
personales, debes oscilar entre la ambición y los límites de lo asequible. Ni
demasiado fáciles, ni demasiado alejadas de tus posibilidades.
En el largo y arduo camino hacia
esas metas, verifica con frecuencia tus logros, comprueba que eres mejor que el
tú que eras hace un mes. Esas
comprobaciones serán pequeños empujones, serán la mano que alguien te tiende
cuando has caído y necesitas levantarte.
Ponerse en forma requiere
esfuerzo, dedicación, tiempo y continuidad; los beneficios son muchos, y
enormes, pero tardan en llegar. La comodidad y la recompensa fácil serán tentaciones
continuas: ¿Quién quiere salir a correr cuando hace frío en la calle y el sofá
y la manta te llaman, y tienes una peli preparada y tu postre favorito
esperándote en la nevera? Pero, lo dicho, si haces de la actividad física un
elemento continuo en tu día a día, si aprendes a convivir con él, si te tomas
el deporte igual que otras rutinas de tu devenir habitual (hacer la compra, las
labores del hogar, ir a trabajar…), si consigues llegar al punto donde el
ejercicio sea parte de tus aficiones, de esas distracciones a las que dedicas
tu tiempo libre, no habrá sofá ni manta que puedan impedirte ponerte manos a la
obra.
Así que, resumiendo, piensa a
largo plazo, sé constante para no abandonar, y busca acomodar la actividad
física entre tus ocupaciones diarias. Si lo consigues, alcanzarás tus metas, y
el objetivo de ponerte y mantenerte en forma, acabará convirtiéndose en una
realidad, así, cuando un día vuelvas la vista atrás, no tendrás que mirar de
lejos esa meta que te fijaste y poco tiempo después abandonaste.
No soy muy fan de las marcas, pero en este caso hago una excepción y
os dejo aquí un vídeo de Reebok que me parece un gran elemento motivador.
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