sábado, 24 de septiembre de 2016

Comprobando tu progreso

Una de las partes negativas de la actividad física, es que algunos resultados suelen aparecer a la larga (algunos se notan en pocas semanas, eso también es verdad).
En la sociedad de la inmediatez en la que vivimos, donde queremos todo para ayer y donde el esfuerzo enfocado a un proceso a la larga cada vez parece más relegado al olvido, tomar la determinación de ponerse en forma es para mucha gente un proyecto condenado al fracaso por una sencilla razón:

Falta de paciencia

El relato típico de flirteo con la actividad física que mucha gente ha experimentado podría resumirse en 10 líneas: 

"Año nuevo vida nueva, dicen; me apunto al gimnasio en enero. Empiezo motivado al 110%, y después de vencer las agujetas de las dos primeras semanas, sigo acudiendo cinco días a la semana. Llega febrero, salen dos días feos de lluvia, esta semana sólo voy tres días. Fin de semana de planes con los amigos, nos vamos de casa rural con juerga incluida: el retorno a los entrenos la semana siguiente se hace cuesta arriba, sólo voy dos días... La siguiente semana hay Champions una tarde, cervecitas otra, otro día estoy cansado del curro... Sólo voy un día. Llega marzo, no noto mucha mejoría, mis michelines siguen ahí... Pago el gimnasio pero no voy en todo el mes. Abril: dejo de pagar el gimnasio. Me desapunto"

Con una planificación adecuada y con constancia, los resultados aparecerán, y estarán ahí aunque no siempre sean visibles. Para comprobar esa mejoría podemos usar na estrategia muy sencilla: tomar una misma rutina como instrumento de medida y repetirla cada X tiempo para compararla con los resultados obtenidos las veces anteriores. Así de sencillo; si estamos entrenando con constancia (especialmente si veníamos de unos hábitos de ejercicio escasos o inexistentes), habrá mejora casi con toda seguridad. 

Presento a continuación una rutina fullbody (en la que trabajaremos todo el cuerpo) a modo de ejemplo.

Para empezar fijaremos el tiempo en base a nuestro estado de forma. Puede ir desde 5 minutos para los más flojetes hasta unos 15 minutos (no recomiendo ir más allá excepto si tu estado de forma es muy bueno, pues con esta duración se convierte en una rutina ya bastante exigente).
Durante la rutina deberás repetir constantemente X repeticiones de varios ejercicios, a un ritmo lo más alto posible y, en teoría sin descansos. Es preferible ser conservador con el ritmo que llevarás, pues al no tener descanso entre los ejercicios, se acumula fatiga y las fuerzas tienden a fallar (la primera flexión pesa siempre menos que la décima). De todos modos es muy habitual que tarde o temprano tengamos que parar y coger aire en algún momento.

El ejemplo que propongo es el siguiente:

  • Flexión de brazos: 5 repeticiones (recuerda que puedes escoger una versión u otra para trabajar a diferentes intensidades; escoge la que te permita trabajar de manera continuada sin demasiado esfuerzo, pero que al mismo tiempo no sea tan fácil como para no notarlo).
  • Sentadilla: 7 repeticiones (puedes hacer algo similar a lo hecho con las flexiones, variando la dureza del ejercicio).
  • Burroll: 4 repeticiones (para facilitar el movimiento de subida puedes apoyarte con las manos en el suelo).
  • Levantamiento de piernas: 5 repeticiones (si con las piernas extendidas es muy duro para tí puedes hacerlo con las rodillas flexionadas).
 Levantamiento de piernas


Durante cinco minutos deberás repetir esa secuencia todas las veces que puedas (5 flexiones, 7 sentadillas, 4 burrolls, 5 levantamientos de piernas, 5 flexiones, 7 sentadillas, 4 burrolls...) sin descansar o parando lo mínimo posible. Al terminar toma nota de cuántas repeticiones totales has hecho sumando todas las repeticiones de todos los ejercicios. Ese número será tu meta a batir la siguiente vez que hagas esta rutina de control de progreso.

Por supuesto, esto es sólo un ejemplo, y sería absurdo pensar que esta rutina es útil para todo el mundo: habrá quien la encuentre dura y habrá quien no empiece ni a sudar con ella. Lo interesante aquí es quedarse con la idea de la estructura de una rutina que podamos usar para controlar nuestro progreso; a partir de ahí podemos personalizar la rutina modificando la duración, el número de repeticiones, los ejercicios a realizar... 

Así que, ahora que ya conoces esta herramienta ¡a por el primer paso en tu camino hacia la mejora!

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Fija tu meta ¡y persíguela con constancia!



A menudo nos fijamos metas que empezamos a perseguir con toda la fuerza del mundo, pero poco después, con el tiempo, esa pasión que ponemos, esa dedicación, empieza a perder su fuego, comienza a decolorarse, y poco a poco deja paso al olvido, a nuevas metas que, muchas veces, acaban en lo mismo: en un camino que un día emprendimos pero cuya senda perdimos una tarde cualquiera. Proyectos que nunca acabamos, sueños que dejamos de perseguir.
Siempre digo que uno de los problemas de nuestra sociedad de consumo es que se nos ha acostumbrado a la recompensa rápida, al “lo quiero y lo quiero para ayer”, se nos ha educado para no premiar la paciencia, lo que reina es la inmediatez. Y cuando aplicamos ese desprestigio de la paciencia a nuestro día a día el resultado es una incapacidad clamorosa de pensar a largo plazo, de establecer metas a la larga.

Esto, aplicado al deporte, a la actividad física, es el golpe letal que derriba los planes de cualquiera que quiera ponerse en forma pero no tenga una determinación clara; no esperes conseguirlo en un par de semanas, ni siquiera en un par de meses. Tu objetivo debería más bien ir encaminado a establecer unos hábitos que puedas encajar bien en tu día a día, intenta  cuadrar esas rutinas, esas acciones en tu planning semanal. Haz que el ejercicio sea parte de tu vida, y no necesitarás plantearte si hoy quieres salir a entrenar o no.
Trabaja fijándote metas, pero metas que, por un lado, sean realistas, que sepas que puedes alcanzar, y por otro que no sean demasiado fáciles. En la elección de tus metas personales, debes oscilar entre la ambición y los límites de lo asequible. Ni demasiado fáciles, ni demasiado alejadas de tus posibilidades.
En el largo y arduo camino hacia esas metas, verifica con frecuencia tus logros, comprueba que eres mejor que el que eras hace un mes. Esas comprobaciones serán pequeños empujones, serán la mano que alguien te tiende cuando has caído y necesitas levantarte.
Ponerse en forma requiere esfuerzo, dedicación, tiempo y continuidad; los beneficios son muchos, y enormes, pero tardan en llegar. La comodidad y la recompensa fácil serán tentaciones continuas: ¿Quién quiere salir a correr cuando hace frío en la calle y el sofá y la manta te llaman, y tienes una peli preparada y tu postre favorito esperándote en la nevera? Pero, lo dicho, si haces de la actividad física un elemento continuo en tu día a día, si aprendes a convivir con él, si te tomas el deporte igual que otras rutinas de tu devenir habitual (hacer la compra, las labores del hogar, ir a trabajar…), si consigues llegar al punto donde el ejercicio sea parte de tus aficiones, de esas distracciones a las que dedicas tu tiempo libre, no habrá sofá ni manta que puedan impedirte ponerte manos a la obra.

Así que, resumiendo, piensa a largo plazo, sé constante para no abandonar, y busca acomodar la actividad física entre tus ocupaciones diarias. Si lo consigues, alcanzarás tus metas, y el objetivo de ponerte y mantenerte en forma, acabará convirtiéndose en una realidad, así, cuando un día vuelvas la vista atrás, no tendrás que mirar de lejos esa meta que te fijaste y poco tiempo después abandonaste. 



No soy muy fan de las marcas, pero en este caso hago una excepción y 
os dejo aquí un vídeo de Reebok que me parece un gran elemento motivador.

martes, 6 de septiembre de 2016

La importancia del "core"

Desde hace un tiempo, se ha ido imponiendo un nuevo término para denominar a los músculos abdominales: el core (por su significado en inglés: centro núcleo). El simple uso de este término debería darnos una idea, si pensamos en su significado, de la importancia que tiene como elemento vertebrador y estabilizador de nuestro movimiento.
Sin embargo, el tratamiento que las rutinas de gimnasio "de toda la vida" solían (y aún suelen) darle a los abdominales, es, por lo general bastante pobre, por decirlo finamente.
En primer lugar, es un grupo muscular que, por alguna extraña razón, suele trabajarse en casi cada sesión, a modo de complemento al resto de ejercicios, algo parecido a lo que suele hacerse con el cardio (los veinte minutos de rigor corriendo sobre la cinta). Así, muchas veces se comete el error de trabajar la franja abdominal o core todos los días en los que se entrena, lo cual es un grave error, pues los músculos abdominales, igual que cualquier otro grupo, necesitan su descanso para recuperarse del trabajo.

Por otro lado, la "vieja escuela" suele centrarse excesivamentge en el trabajo a base de crunches, el típico ejercicio de abdominales que habrás visto mil veces, el de tumbarse con la espalda en el suelo y levantar la cabeza y la parte superior del torso acercándola a las piernas. Este ejercicio realizado con mala técnica puede desembocar en serias molestias en la zona cervical o en el cuello; esa mala técnica puede ocurrir cuando los conocimientos no son los adecuados, o cuando la intensidad/duración del entrenamiento empieza a afectar la calidad de la ejecución de cada repetición.

Por lo cual, en nuestro trabajo con el core deberíamos centrarnos en darle una mayor variedad (atacarlo de diferentes maneras nos llevará a una mayor operatibilidad y funcionalidad de la región) y, por otro lado, mentalizarnos de la necesidad de descansar estos músculos, como hacemos con los otros, para permitir su total recuperación después de cada entreno.

Existen infinidad de ejercicios para trabajar el core, pero personalmente, uno de mis favoritos es la placha o plank, que, con su enorme abanico de variantes, nos puede dar ideas para entrenar durante media vida.

El siguiente vídeo nos muestra nada más y nada menos que 100 tipos diferentes de planchas.
 

Esta gran variedad nos da además la opción de trabajar por repeticiones (variedades de plancha en las que hay que realizar un movimiento, como el plank to pike, en el minuto 1:08 del vídeo) o por tiempo (tipos de plancha estática, en los que simplemente, aguantaremos la pose durante el tiempo necesario; como la 3-point plank o plancha con tres puntos de apoyo, en el minuto 4:30).

Así que ya sabéis: en vuestro próximo día de entrenamiento, podéis empezar a utilizar algunos de estos a modo de nuevo reto personal.
¡Que lo disfrutéis!